domingo, 4 de marzo de 2012

Capítulo 9.


Danny: Esto… lo siento. – Dijo con una cara expresión en la cara difícil de entender.

Negó dos veces con la cabeza para después darse la vuelta e irse.

 Cameron: ¿Vamos?
Yo: Claro. – Dije levantándome de la silla.

Me quité los papeles que tenía dentro del orificio derecho de la nariz y lo tiré a la basura. Me coloqué un poco el pelo y salimos juntos de la enfermería. Fuimos donde se encontraban Stella y Danny.

Stella: Chicos, ¿Queréis ir al centro comercial?

Danny y yo nos miramos. Ambos sabíamos que no podíamos por no dejar a Vicky plantada.

Yo: Esto… yo no puedo, tengo que hacer cosas con mis padres. Lo siento.
Cameron: ¿En serio? ¿Y no lo puedes dejar para otro día?
Yo: No, lo siento. Pero os prometo que a la próxima, voy.
Stella: Lo tendré en cuenta. ¿Y tú, Dann?
Danny: Yo tampoco puedo.
Stella: ¿Y eso? – Dijo asombrada.
Danny: Tengo… tengo que arreglar mi cuarto. Mi madre me ha dicho que si no lo hago, me castiga. Y cuando mi madre se pone de malas… no hay quien la aguante.
Cameron: Oh, vamos tío.
Danny: En serio, prefiero organizarla  para poder salir luego.
Stella: Bueno… pues nos veremos mañana.
Yo: Vale, hasta mañana.
Danny: Adiós, chicos.

Danny y yo nos fuimos alejando de Stella y Cameron.

Yo: ¿Por dónde vamos?
Danny: Tu vete por ahí. – Dijo señalando con la mirada a la derecha. – Y yo iré por aquí. Nos encontramos en la esquina.

Y eso hicimos. Después de tres, cuatro minutos, nos encontramos y pusimos rumbo a casa. Una vez allí, estuvimos haciendo el memo durante toda la tarde con Vicky y la música.
Al día siguiente.

Estaba en clase atendiendo a la profesora de matemáticas cuando vi una notita volar, pero no era precisamente para mí, si no para Stella. Mi instinto cotilla se accionó y en lugar de mirar a la pizarra para lograr entender todos esos números, presté atención con quien se mandaba esa nota Stella. Ella estuvo un rato escribiéndola y se la lanzó a… madre mía, Cameron. ¿Qué estarán tramando esos dos? Tenía que averiguar que ponía en esa nota.

Al fin el timbre sonó finalizando la clase. Stella que estaba delante de mí se giró para verme.

Stella: Ahora tenemos química. ¿Vamos al laboratorio ya?
Yo: Vete tú delante que tengo que copiar una cosa de la pizarra. – La sonreí.
Stella: Está bien, te espero allí.

Se levantó de su sitio y se fue. Esperé a que todos salieran de la clase para levantarme de mi sitio y rebuscar en la mochila de Stella la maldita nota. Miré entre sus libros,  en el bolsillo pequeño pero ahí no estaba. Oh, claro. El estuche. Lo abrí y ¡Bingo! Una nota perfectamente doblaba estaba en el fondo del estuche. ¿Pero es que no sabe que las notas nunca se pueden dejar ahí? La cogí y la metí en el bolsillo. Rápidamente cogí mi libro de química y salí de clase para ir al laboratorio.

Una vez allí me senté con Vicky, pues era mi compañera.

Yo: Mira lo que he encontrado. – La enseñé disimuladamente la nota.
Vicky: ¿De quién es?
Yo: Stella y Cameron.

Abrió los ojos como platos.

Vicky: Corre, léela.

Asentí y abrí el papelito con cuidado para que el profesor no me viera. Había dos colores, rosa y negro. Empezaba Stella.

‘’ ¿No sospechas algo? ’’ A lo que le contesta Cameron ‘’Sí, más nos vale abrir mucho los ojos’’

Vicky y yo nos miramos con los ojos extremadamente abiertos y con el corazón palpitando con fuerza. Guardé la notita en el bolsillo de mi pantalón y estuve contando los minutos para que el reloj marcase las dos para poder decirle todo esto a Danny. Como esta ya era la última clase, no tuve que esperar mucho. A la salida esperé a Danny en la puerta junto con Vicky.

Cuando le vimos, le hicimos un gesto con la cabeza para que se viniera ya y, por lo visto, lo pilló porque le dio un beso en la mejilla a Stella y salió delante de nosotras.

Al minuto le seguimos y nos encontramos en la vuelva de la esquina.

Danny: ¿Qué pasa?
Yo: Mira esto. – Le tendí la nota.

El la cogió mirándonos dudoso y la abrió. Su expresión de la cara cambió por completo y tornándose de preocupación.

Danny: ¿Es de Stella y Cameron, verdad? Reconozco sus letras…
Vicky: Sí, y están empezando a sospechar algo de nosotros. Vamos a casa ya y lo hablamos mejor.

Ambos asentimos y tomamos rumbo a mi casa para hablar tranquilamente. Introduje la llave en el cerrojo y los tres entramos lo más rápido que pudimos. Una vez dentro estuvimos hablando de las precauciones que deberíamos tener. De ahora en adelante, nada de miraros y menos hablarnos en el horario de clase. Nada. Los chicos de fueron de a su casa. Pasé todo el resto del día metida en mi habitación escuchando música y haciendo los deberes.

Al día siguiente me desperté cansada. No sabía porque pero no tenía ganas de hacer nada. Me puse cualquier cosa que pillé por el armario y bajé a desayunar. Apenas comí, pues no tenía hambre. Que mal empezaba el día… A ver como acabaría.

Llegué al colegio medio zombie, por lo que no me di cuenta de que toda la gente me estaba mirando. ¿La razón? No tenía ni idea. Pero tampoco me importó mucho. Llegué a clase y me senté en mi pupitre. Las dos primeras horas me limité a mirar a la pizarra. Sin embargo, no atendí nada. Estaba en mi mundo.

Nada más sonar el timbre, bajé al recreo. Esta vez Stella no me había ido a buscar al sitio para bajar con ella. Miré hacia la estatua y allí estaba ella y sus dos secuaces. Las saludé con la mano desde lejos, pero hicieron caso omiso a ello. ¿Qué ocurría hoy? Me acerqué a ellas pero antes de que me pudiera sentar, Stella se levantó y me puso en frente de mí.

Stella: Con nosotras no te sientas más.
Yo: ¿Se puede saber qué ocurre?

Soltó una carcajada y me miró con desprecio.

Stella: Es que no solemos sentarnos con mentirosas. – Sonrió falsamente.

El corazón se me detuvo. Pero… ¿Qué estaba diciendo?

Yo: ¿Q-qué dices? – Dije con miedo.
Stella: Ay, Taylor, Taylor… sabemos dónde vives. Y además, ayer investigué un poco sobre esa empresa tan importante donde dices que viven tus padre y mira tú que coincidencia, no existe.

Cada vez hablaba más alto. La gente empezó a posar su mirada en mí mientras se acercaban para ver qué pasaba. Al final, se formó un círculo alrededor de nosotras.

Yo: Yo… - Estaba pálida.
Stella: Mirad todos. Taylor, la chica a la que todos creías simpática, buena persona… ¡Es una farsante!

Mis ojos se llenaron las lágrimas, las cuales no tardaron el precipitarse de mis ojos. Vi como alguien abría paso entre la multitud de gente y se ponía en frente para ver de quien se trataba.
 Eran Danny y Cameron. Danny negaba con la cabeza mirando el suelo mientras que Cameron me miraba sorprendido. Me dolía el pecho debido a los sollozos de estaba intentando reprimir en él. Me sequé las lágrimas en vano, pues volvieron a brotar más y más de mis ojos. La mirada de todos era de asco y desprecio. Salí corriendo de allí y fui directamente a los baños donde allí podía llorar tranquila.

Me encerré en uno de ellos y lloré a mi antojo. Sollozos y más sollozos salían del fondo de mi garganta. No sabía de dónde me salían tantas lágrimas, ya que no podía parar de llorar.

Oí como abrían la puerta del baño y unos pasos  se dirigieron hacia el baño donde yo estaba. Conocía esas playeras. Eran de Danny.

Danny: Abre la puerta, Taylor.
Yo: N-no quiero.
Danny: Por favor… ábrela. Por mí.

Sollocé un poco más y me sequé un poco las lágrimas que resbalaban por mi mejilla. Me levanté del váter y abrí la puerta. Salí de allí y fui directamente al lavabo para lavarme la cara. Danny me miraba a través del espejo.

Danny: Lo que ha pasado ahí afuera…
Yo: Déjalo, Danny. – Dije interrumpiéndole. – Ya da igual todo. Lo saben… Stella me ha descubierto.
Danny: ¿Y saben si yo…?
Yo: No, ayer entramos a mi casa, no a la tuya. ¿Eso es lo único que te importa? ¿Tu jodida popularidad?
Danny: Taylor…
Yo: Bien, me parece perfecto. Mejor te vas que te pueden ver conmigo.
Danny: No digas eso.
Yo: ¿Qué no lo diga? Cuando Stella estuvo allí fuera humillándome lo único que hiciste fue mirar al suelo, Danny. No tuviste el valor a salir y defenderme. – Le reproché. – No me esperaba esto de ti… - Dije en apenas un susurro antes de abrir la puerta del baño e irme.

Fui al despacho del director y le pedí que llamaran a mi madre para que venga a recogerme porque me encontraba mal. Al ver mi cara, vio que no mentía. Y no me extraña, tenía una aspecto que daba pena. Al cabo de quince minutos, mi madre entró en el despacho de director y me abrazó al verme.

Poco después, salimos de ese infernal colegio y llegamos a casa. Mi madre me subió hasta mi cuarto donde allí me tumbé en la cama y me arropó. Cerré los ojos provocando que un par de lágrimas salieran escopetas de mis ojos otra vez. Luego me tocaba contarle toda la verdad a mi madre, y no iba a ser fácil.

Al cabo de un rato, al fin conseguí dormirme. Estuve así tres, cuatro horas hasta que el timbre de mi casa sonó. Temía que sería Danny o Vicky; ahora mismo no quería hablar con ellos. Aun que en realidad no quería hablar con nadie. Puse escuchar como mi madre hablaba con alguien y le invitaba a pasar. Pero no pude distinguir de quien sería la voz. Escuché unos pasos acercándose a mi habitación para que segundos después llamasen a la puerta.

Cath: Cariño, tienes visita.
Yo: No quiero hablar con nadie.
Cath: Anda, no seas cabezote. Han venido con la mejor intención del mundo.
Yo:…
Cath: Anda, pasad.

Me quité el edredón un poco de la cara para ver de quien se trataba. Era Vicky y Danny. 
Mierda…

Yo: Iros, por favor. – Dije volviéndome a tapar la cara
Vicky: No queremos.

Ambos se sentaron en el bordillo de mi cama, mirándome.

Danny: Taylor, te quiero pedir perdón.
Vicky: Más bien, te queremos pedir perdón.
Yo: ¿Por qué?
Danny: Porque sé que me comporté como un auténtico gilipollas al no salir con el fin de defenderte.
Yo: Ya da igual.
Vicky: Y queremos que sepas que nos vas a tener para lo que sea.
Yo: Lo sé… - Dije quitándome el edredón de la cara  e incorporándome.
Danny: ¿Me perdonas? – Dijo triste.

Asentí y esbozó una pequeña sonrisa. Los tres nos abrazamos.

Vicky: ¿Quieres que nos quedemos aquí contigo?
Yo: Gracias pero no hace falta. Prefiero estar sola…
Danny: Está bien, pero si necesitar algo puedes tirar piedrecitas a mi ventana y vengo a por ti, eh.
Yo: Vale. – Dije asintiendo.

Los dos salieron de mi cuarto y me volví a tumbar, tapándome entera una vez más y quedándome dormida.  No comí ni cené. Estuve todo el día en mi cuarto escuchando música y rodando de un lado para otro en mi cama. Mañana sería un día largo.

**
Como era de esperar, al día siguiente todo el mundo fijaba su mirada en mí. Tenía unas ganas terribles de llorar, pero sería fuerte. Aun que sabía que lo más duro sería el recreo. Y por primera vez, no quería que la clase finalizara para bajar. Pero como todo en esta vida, lo ‘’bueno’’ se acaba sonando el timbre para comunicarnos que el recreo empieza.

Esperé a que todo el mundo bajara para salir yo de clase. Bajé las escaleras y cuando me dispuse a girar para salir al patio, alguien me agarró por detrás poniendo la mano sobre mi boca para evitar que chille y me arrastró hasta el baño de los chicos. 

4 comentarios:

  1. Me gusta mucho, continuala :)

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  2. Aissss me encanta! *_*
    Qué mono es Danny, al final acabaran juntos jijiji
    Joo síguela que me gusta mucho como escribes.
    Un beso <3

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  3. ¿Por qué no continuas? Me gusta mucho jo.

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  4. muy bueno el blog ya tienes otra seguidora :) te dejo mi blog por si te gusta puedas seguirme http://wwwteenage-girls.blogspot.com.es/

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